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8 tipos de millennials

  Uno es dueño de Facebook y el billonario más joven de la historia; el otro pasa los días fumando porros en el parque frente a tu casa y vive de sus padres. Pero los dos pertenecen a la misma generación, los llamados Millennials o Generación Y.

   Ya vimos que comparten rasgos como para pertenecer a una misma generación con diferencias fundamentales respecto a las anteriores; sin embargo, también se dan entre ellos algunas diferencias clave que abren abismos entre unos y otros miembros de la misma generación. A continuación presentamos 8 tipos de millennials y lo hacemos, como no podía ser de otro modo en este tipo de posts, en forma de caricatura o estereotipo.

El ni-ni

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  Encarnan en el imaginario colectivo las peores cualidades que se achacan a la generación millennial: faltos de motivación y compromiso, egocéntricos, sin disciplina ni capacidad de sacrificio, caprichosos, pasotas, egoístas, desinteresados, infantiles… No hay que olvidar que la etiqueta “ni-ni” (ya saben, “ni estudia ni trabaja…”) se la ha puesto la Generación anterior, la llamada Generación X, que se caracterizaba por ser workaholic y sufrir de titulitis. Varios son los factores que se han utilizado para explicar (que no justificar) al aumento desenfrenado de ni-nis: padres ausentes que no han sabido generar responsabilidad, escuelas donde no existen los límites, crisis económicas con un paro juvenil desesperanzador, abuso de las nuevas tecnologías o una sociedad de consumo que ha pervertido los valores de la juventud. Sea cual sea la causa, el nivel de personas jóvenes sin ocupación y sin metas  se ha vuelto alarmante en muchas sociedades. Perdidos y sin norte hacia el que avanzar, concentran sus energías en disfrutar del aquí y el ahora en la medida en que sus padres se lo permiten.

El emprendedor tecnológico 

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Antítesis generacional del ni-ni, es el típico nerd de la clase del que todos se reían pero del que ya advirtió Bill Gates que probablemente acabaría siendo tu jefe. Se quedó corto. Gracias a las herramientas digitales, estos millennials no tienen límites espaciales, temporales ni creativos. Están redefiniendo la economía, la sociedad, la comunicación humana… y, según algunos autores, contribuyendo al alumbramiento de una nueva civilización.

Su día a día sería considerado por el resto de mortales como ciencia ficción; no sale de casa sin sus Google Glass, ha sido project manager en el desarrollo de dos de tus cinco apps preferidas y tiene una media de cinco reuniones diarias con su equipo interdisciplinar de colaboradores de otras partes del planeta a través de Skype. Antes de los 27 años será dueño de una exitosa startup tecnológica porque si llega a los 33 sin haber emprendido algo, sentirá que ya es demasiado tarde.

El friki

Para éste tipo de millennial, el futuro de la sanidad pública de su país y la posibilidad de que graben Cazafantasmas 4 están en el mismo nivel de preocupación y prioridad. No conoce ni le interesa la historia reciente de la sociedad en la que vive, pero sabe más palabras en élfico que tú y yo juntos en español. Vive en su propia ficción literaria, audiovisual y digital. Protagonista de las más variadas subculturas postmodernas, si hay algo que no le perdonan las generaciones anteriores a este tipo de millennial es que se disfrace de su personaje de ficción preferido a sus 30 años.

El internauta comprometido

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Es exactamente lo contrario del espectador de televisión tradicional, apoltronado en su sofá creyendo en todo lo que le cuentan los telediarios y convencido de que todo está muy mal pero no se puede hacer nada al respecto. Ya sea en Egipto o en Moldavia, el internauta comprometido ha comprendido el poder de las redes sociales, y quiere convertir el modelo de participación que las caracterizan en el paradigma de participación política en su país. Está más y mejor informado que los autodenominados expertos del pasado, y ha demostrado en repetidas ocasiones que cinco años de Twitter pueden hacer reaccionar a la juventud de sociedades que han estado políticamente narcotizadas durante décadas.

El asocial

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Es el eterno incomprendido por parte de las generaciones anteriores, que no comprenden que interaccionar con otros a través de la pantalla de un dispositivo móvil también es relacionarse socialmente. En su contra, hay que reconocer que ya se está constatando un aumento de la apatía y un descenso de las habilidades socioemocionales en las distancias cortas entre los jóvenes de las sociedades más digitalizadas. Este tipo de millennial nunca entenderá por qué su profesor o su jefe siguen repartiendo papeles en las reuniones cuando sería más rápido, fácil y cómodo compartir todo en la nube. Es más, no entienden  por qué hay que hacer una clase o reunión presencial cuando existen Whatsapp y Hangouts. Muchos miembros de otras generaciones empiezan a sospechar que, en esto último, algo de razón sí que tienen…

El trabajador del conocimiento

meetingCon él no funcionan los factores tradicionales para evaluar y recompensar el trabajo  (control externo, incentivos económicos, trabajo medido en horas) sino los parámetros propios de una sociedad del conocimiento (motivación intrínseca, entusiasmo, compromiso, autonomía y posibilidad de autorrealizarse con lo que hace). A cambio, si se dan esas condiciones su desempeño laboral está muy por encima de lo esperado. Es flexible, multitask, le encanta el cambio permanente y aprender continuamente cosas nuevas. Busca siempre maneras alternativas de hacer el trabajo más efectivo sin que nadie se lo pida ni le remunere por ello, se adapta fácilmente a equipos y redes de trabajo diferentes y…  no se lo tome a mal, pero va a dejar a todos los mayores de 40 laboralmente obsoletos en muy poco tiempo.

El postecologista

socialSe autopresenta como innovador social y ha ganado de lejos a su antecesor, el ecologista a secas, porque aplica sin complejos los medios y estrategias de la innovación empresarial al servicio de sus causas. Es capaz de hacer un proyecto económicamente sustentable e incluso rentable, que a la vez aporta valor social a un colectivo o a favor de una causa determinada. Encuentra soluciones creativas a problemas que al ser redefinidos se convierten en oportunidades. Puede parecer exagerado,pero es posible que de este tipo de millennial dependa si la especie humana existirá otro milenio más o no.

El selfista compulsivo

selfieTestimonio visual del egocentrismo y la necesidad compulsiva y desmesurada de atención que caracteriza nuestra época, el que no se haya hecho un selfie que tire la primera piedra.  Si mi madre me llama para contarme sus últimas vacaciones está bien; pero si mi primo de 17 años relata su último viaje en metro subiendo las fotos a Facebook, es un exhibicionista. Los que crecieron con el carrete de fotos no entienden al selfie como nueva forma de comunicar y compartir con los demás, gracias a las posibilidades que abren los dispositivos móviles conectados permanentemente a internet. Pero la carne es débil, y ocho años de redes sociales nos han enseñado que hasta la tía sesentona que renegaba de Facebook acabará subiendo sus propios selfies de la procesión del Corpus de este año… sin dejar por ello de criticar el exhibicionismo las redes sociales cada vez que pueda.

Lo más interesante de todos estos tipos de millennials es que si los metemos en una clase tradicional o en una reunión de trabajo convencional, probablemente no podríamos distinguir unos de otros porque todos los tipos actuarían de forma muy similar: desconectarían su atención a los 5 minutos, no soportarían estar sentados escuchando pasivamente, no aguantarían no poder involucrarse activamente en lo que están haciendo y sacarían su celular para conectar con el resto del mundo. Unos para ver los selfies de sus amigos, otros para buscar información relevante para ellos, otros para tener paralelamente otra junta online, otros para descargarse el último capítulo de su serie coreana preferida, etc.

Mark Zuckerberg

  Lo que da miedo de verdad es que la educación y la gestión empresarial no sepan distinguir a día de hoy a un ni-ni de Mark  Zuckerberg en la práctica, lo que demuestra qué obsoletas están estas organizaciones para cultivar, desarrollar, potenciar, evaluar y gestionar el talento humano en la actualidad.  

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