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Cuánto cuesta aprender y enseñar en algunas partes del mundo

 
Este post está dedicado a todos los docentes y estudiantes en el mundo que se juegan la vida para poder educar y aprender
 

Cuando el 7 de enero de 2015 fueron asesinados a tiros 11 trabajadores del seminario satírico francés Charlie Hebdo, la población de los países occidentales en general, y la de los países hispanohablantes en particular, pusimos el grito en el cielo. Las redes sociales vibraron de indignación, todo el mundo condenó de forma unánime el atentado, los líderes de decenas de países de todo el globo acudieron a la manifestación de repulsa en París y, solidariamente, las portadas de otros semanarios satíricos de todo el mundo rindieron homenaje a los colegas de profesión caídos. Todos sentimos que se atacaba no al semanario francés, sino a la libertad de expresión de todos, y se produjo una reacción ejemplar ante la barbarie. 

Educación

Ahora bien, ¿cómo actuamos cuando se ataca el derecho a la educación laica y universal de la población? ¿Cómo actuamos los docentes, educadores y alumnos cuando las víctimas de un atentado son otros colegas de profesión o compañeros de estudio en otras partes del mundo? Sin ánimo de comparar tragedias, nosotros también tenemos nuestros mártires. ¿Les tenemos tan presentes como deberíamos? Este post está escrito con respecto a todas las víctimas y asumiendo mi ignorancia sobre conflictos tan complejos como los que se exponen a continuación. El único objetivo es generar debate y concienciar a la comunidad educativa internacional de nuestra responsabilidad con las comunidades educativas de otros países

El caso Malala.

Este es no solo el más conocido, sino también el caso másMalala Educación positivo que encontrarás en este post. Malala Yousafzai, la activista y bloguera pakistaní que defiende el derecho de las niñas a estudiar, probablemente no necesite presentación porque la conoce todo el mundo gracias a su presencia en los medios. El autobús escolar que la transportaba a su escuela fue atacado  9 de octubre de 2012 por el miembro de un grupo terrorista vinculado a los talibanes, hiriendo a varias de las niñas, especialmente a Malala, que tuvo que ser intervenida quirúrgicamente de gravedad por los impactos de bala en el cráneo y cuello. El portavoz del grupo terrorista que atacó el autobús escolar afirmó que intentarían matarla de nuevo, por su defensa pública del derecho de la mujer a ir a la escuela en su blog.

Inmediatamente después del ataque, cientos de personas de los alrededores salieron a protestar contra el atentado en la inmediaciones del colegio de Malala. El ataque fue condenado internacionalmente, y Malala recibió el apoyo de personalidades como Desmond Tutu, Obama, Hilary Clinton y hasta Madonna. La joven activista se recupero y desde 2011, año en que recibió el Premio Nacional de la Paz en Pakistán por su defensa de la educación de las niñas, no ha parado de recibir premios internacionalmente (en Holanda, Bolivia, España, Gran Bretaña, etc). En 2014 se convirtió en la persona más joven que recibe el Premio Nobel de la Paz, sirviendo de inspiración para jóvenes y docentes de todo el mundo por su valentía. 

Malala Yousafzai

– La masacre de la escuela Peshawar (Pakistán, 2014)

El mundo es un lugar muy raro. El 16 de diciembre de 2014, solo un mes antes del atentado que acabó con los 11 trabajadores de Charlie Hebdo que tanto indignó al mundo, los talibanes atacaron una escuela en Pakistan y asesinaron a más de 145 personas, la mayoría niños. Se supone que hubo una condena internacional muy fuerte, pero ni los medios ni nadie de mi entorno pareció ofenderse especialmente por este grave hecho (yo incluido). Llama la atención cómo la cercanía cultural, geográfica o quién sabe si también étnica, nos hace percibir el mismo fenómeno de manera tan desproporcionada. Por alguna extraña razón, más de 132 escolares muertos en la masacre de un colegio no fue suficiente motivo para indignarnos ni en las redes ni fuera de ellas y, lo  que es más triste aún, no fue suficiente motivo para movilizar a la comunidad educativa (no hablo de casos aislados, que seguro los hubo, si no de forma general). La masacre fue perpetrada por el grupo pro-talibán Tehrik-i-Taliban (TTP)… Precisamente, el mismo que atacó el autobús escolar en que viajaba Malala. En la reivindicación de la masacre por parte de este grupo terrorista, se indicaba como justificación el hecho de que los estudiantes masacrados eran hijos de militares del ejército nacional. Su objetivo era no hacer rehenes y matar al mayor número de personas, con el supuesto fin de hacer sentir a los militares el mismo dolor del grupo atacante y sus familias. No entro a valorar la ética del ejército nacional de Pakistán (ni la defiendo ni la pongo en cuestión, y en caso de que cometan atrocidades, las condeno igualmente), pero para mí es claro que castigar a menores inocentes por lo que hacen sus padres en un conflicto es una barbaridad.

Educación Pakistán

   Alumnos y docentes de Pakistán y otros países del entorno se manifestaron inmediatamente en las calles y en las redes contra la masacre: 

Masacre de la escuela de Peshawar

Masacre de la escuela de Peshawar

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   Por desgracia, en las comunidades educativas occidentales en general y en las hispanohablantes en particular, salvo loables excepciones, pasó desapercibida completamente, lo cual contrasta con la enervada indignación que despertó, por ejemplo, el caso Charlie Hebdo.

– La masacre de los 43 de Ayotzinapa (México, 2014)

Quizá por la cercanía cultural, este es probablemente caso más polémico de los que presentamos. Es un caso que se ha politizado mucho y en el que se han enfrentado diferentes tipos de intereses sociales y políticos, con algunos grupos trabajando activamente en generar confusión y lanzar acusaciones incluso a las víctimas. Personalmente, no quiero entrar en esas polémicas sino limitarme a constatar la brutalidad de una matanza así y cómo me relaciono con ella en tanto que parte de la comunidad educativa internacional, aunque obviamente es difícil hablar de este caso sin pedir responsabilidades políticas (pero esto no me corresponde a mí, sino a los ciudadanos mexicanos). Yo intento escribir sobre este tema desde la humildad, mi ignorancia reconocida y mi solidaridad con las víctimas y sus familias, en tanto que seres humanos y en concreto normalistas (como se denomina a las personas que se forman como maestros de Educación Básica en las llamadas Escuelas Normales en México).

Este caso sí despertó una ola de indignación tanto nacional como internacional, cuando se supo que este grupo de 43 estudiantes que se estaban preparando para maestros fueron masacrados en un fatídico evento en el que estaban implicadas las autoridades políticas, coludidas con el narco y con  el  conocimiento del cuerpo de policía e incluso otros cuerpos de seguridad del estado. En su lado positivo (por decirlo de algún modo), hay más o menos consenso sobre que la reacción de la sociedad ante la masacre marca un antes y un después en la toma de conciencia de la ciudadanía mexicana. El grito “Todos somos Ayotzinapa” se hizo habitual en muchas instituciones educativas y de otro tipo a lo largo del país, en apoyo a los padres de los desaparecidos y como modo de presión al gobierno ante la pasividad y falta de sensibilidad demostrada en la gestión de la crisis. La masacre puso de manifiesto el hartazgo y la indignación de la sociedad mexicana ante la corrupción, el crimen organizado y su relación directa con la política. Y, lo más importante, evidenció una profunda división entre la sociedad civil y la clase política respecto a la tolerancia con este tipo de situaciones

Caso Iguala

A mí, personalmente, me pareció muy positiva la reacción de algunas de las universidades privadas más importantes del país. A pesar de su elitismo y exclusividad, se atrevieron valientemente a denunciar abiertamente la matanza, enfrentándose así a las otros actores sociales que acusaban a los normalistas de subversivos y delincuentes. No digo que lo que hicieron estas universidades fue suficiente, pero al menos dieron un primer paso e institucionalmente dijeron que no se podía permitir un hecho así de grave en un país supuestamente democrático (reitero mi ignorancia en este tema, si alguien quiere apoyar o contradecir estas líneas, es bienvenido a hacerlo en los comentarios para aportar mas luz y con más propiedad que yo sobre los hechos). Les reconozco su valor porque conozco personalmente el caso de algunos rectores de instituciones educativas privadas que prefirieron mantenerse al margen para que no se relacionara su institución con los normalistas (al parecer, inexplicablemente para mí, no consideraban buen marketing para sus instituciones educativas que se les relacionase con valores como dignidad, justicia o respeto por la vida humana en general).

Enseguida hubo manifestaciones de repulsa en otros países a lo largo del globo, con artículos en todos los periódicos importantes del mundo y denuncias por parte de las ONGs más conocidas. Desde Harvard al MIT, estudiantes de todos los rincones advirtieron al gobierno mexicano que El mundo está viendo”. No obstante, y supongo que por la gravedad del caso, también eché de menos reacciones más enérgicas y sostenidas en el tiempo por parte de la comunidad educativa internacional (yo incluido).

Caso Ayotzinapa

Por último, este caso sirvió también para destapar la desigualdad social, la pobreza extrema y el caciquismo histórico de la zona donde se produjo, así como la corrupción política como cancer de una sociedad que ya está despertando. Y en una cosa hay consenso en la sociedad mexicana en general: la educación va a jugar un papel muy importante en ese despertar durante los próximos años. 

– La guerra de Siria. 

Es un conflicto de sobra conocido en los noticiarios, que está produciendo miles de víctimas y desplazados entre la población civil, como se denuncia por ejemplo en este informe de Amnistía internacional. Especialmente preocupante es la situación de miles de niños sirios que llevan 3 años soportando la brutalidad de la guerra: “El 18% de los refugiados sirios no llega a los 5 años, el 38% tiene menos de 12 años y la mitad son menores de 18 años”. Más de 10.000 niños han muerto durante el conflicto, y más de 3 millones han tenido que dejar sus estudios. Es obvio que la comunidad educativa siria, al igual que todos los grupos y estamentos sociales del país, se ha visto gravemente afectada por la guerra en innumerables ocasiones. 

Escuela en Siria

   Sólo como ejemplo, durante el mes de abril 2015, más de cien colegios de la ciudad de Alepo tuvieron que cerrar cuando un ataque aéreo acabó con la vida de tres maestros y cinco niños; “aquel bombardeo arrojó una fotografía dantesca: dos cuerpos, decapitados, todavía sentados en su pupitre. Desgraciadamente, este fue solo un episodio más de la violencia sufrida por comunidad educativa siria, pero lo uso en este post como símbolo de la barbarie que está sufriendo la población civil, y en especial nuestros colegas docentes y estudiantes. 

– Las niñas nigerianas secuestradas por Boko Haram.

   Este también es un caso con mucha repercusión mediática internacional, aunque probablemente con menos presencia en los debates cotidianos en los paises hispanohablantes (o quizá esa es mi percepción). Boko Haram es un grupo fundamentalista radical activo en Nigeria, cuyo nombre podría traducirse al español como “la educación occidental es pecado”. Su  objetivo es imponer la Sharia en todo el país, y para ello no duda en aplicar medios crueles y violentos con sus adversarios. Si aparece en este post es por su desdichada afición a los secuestros masivos de niñas en zonas rurales nigerianas asaltando sus escuelas, ya que el grupo terrorista está especialmente en contra del acceso a  la educación por parte de la mujer

Boko Haram

Uno de los secuestros masivos más sonados fue el secuestro de Chibok, perpetrado el 14 de abril de 2014, y en el que los terroristas asaltaron una escuela y secuestraron a más de 100 niñas, lo que obligó al cierre de las otras escuelas de la zona por seguridad. Recientemente, el ejército nigeriano ha liberado a más de 700 personas que permanecían secuestradas por Boko Haram, sometidos a toda clase de torturas y vejaciones. Las mujeres han sido violadas y utilizadas como objetos sexuales, hasta el punto de que por lo menos 200 de las niñas liberadas están embarazadas

También hubo muchas reacciones internacionales exigiendo la liberación de las niñas, incluyendo una campaña en las redes que se viralizó, y en las que participaron personalidades conocidas, como Malala:

Malala

El mundo está lleno de docentes y alumnos valientes y los casos expuestos aquí son solo algunos muy radicales en un océano de retos educativos pendientes. Puse algunos recientes, pero se podían haber incluido muchos más, como los ataques a escuelas en Irak, las masacres escolares ejecutadas por alumnos en EEUUel reciente caso de un profesor español asesinado por un alumno que hirió a otros docentes y compañerosetc. Ir a la escuela es un deporte de riesgo en muchos sítios, como tan bien refleja la película Buda explotó por vergüenza, sobre el acceso de las niñas a la educación en Afganistán: 

Buda explotó por verguenza 

Comencé este post mencionando las reacciones internacionales ante el atentado de Charlie Hebdo porque contrasta con el silencio institucional, social e internacional ante el sacrificio y sufrimiento de muchos docentes y alumnos anónimos que pasan desapercibidos en las noticias del telediario. No porque me parezcan mal las reacciones ante el caso del semanario francés. Al contrario; me parece envidiables, y debería ser así en todo tipo de tragedias independientemente de la nacionalidad, la religión, la cultura o el lugar. Y me parece envidiable y admirable también la reacción de los semanarios satíricos de todo el mundo ante el ataque a sus colegas. Al igual que los colegios, universidades, docentes, educadores o alumnos que ya denuncian, reivindican y se manifiestan ante las injusticias que sufren otros colegas, deberíamos hacerlo todos como parte de una única comunidad educativa internacional

2 responses to “Cuánto cuesta aprender y enseñar en algunas partes del mundo

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