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Relato corto: “Los profesores dan clase, no hacen vídeos” #cienciaficcioneducativa

Iba a ser mi primera año de universidad y estaba entusiasmado. También nervioso; esperaba mi turno en la fila para hacer mi matrícula y seguía sin decidir qué grupo de Lógica escoger. Me habían advertido que esta asignatura es  especialmente difícil y que en la universidad, todo depende mucho del profesor “que te tocara” (o que escogieras). Pero no conocía a nadie que pudiera ayudarme con eso. Entonces se me iluminó la bombilla. Me di la vuelta y pregunté a la estudiante que hacía cola detrás de mí: “Oye, ¿cuál es el mejor profesor de Lógica que hay en la universidad?“. Se le iluminó la cara y respondió con una gran sonrisa: “¡El profesor Matute!”

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La chica me contó, para alegría mía, que a ella le gustó mucho el tal Matute cuando estudió con él, que su forma de explicar hacía la Lógica muy sencilla y que sus alumnos acababan amando la asignatura y no odiándola, al contrario que con los otros dos profesores disponibles. “¿Crees que todavía quede plaza en su grupo?”, pregunté impaciente. “Seguro no, por dos razones. Primero, año tras año su grupo es el primero en cerrarse porque todo el mundo quiere aprender Lógica con él. Segundo, porque se jubiló el año pasado”. Mi ilusión se vino abajo…

Esta historia retumbaba en mi conciencia en cada clase tediosa de Lógica que me tocó tomar con el profesor X, antítesis pedagógica del profesor Matute y profesor con quien finalmente me acabé matriculando. Matute era un mito viviente en la universidad; muchos alumnos sentían orgullo de haber tenido el privilegio de haber pasado por sus manos y presumían tener buenas bases de Lógica gracias a él. Y lo peor, por mucho que me quejara del profesor X,  los que tomaban Lógica con el profesor Y o Z no estaban mucho mejor. Cada vez que llegaba a casa con dolor de cabeza después de clase de Lógica, despotricaba delante de mis padres del profesor X y maldecía mi destino por no haber podido tomar clases co Matute por solo un año de diferencia. Hasta que durante una cena, mi madre, cansada de escuchar mis quejas, ,e dio una idea: “Matute no está muerto, solo se ha jubilado. ¿Por qué no le visitas?“. Me dio una idea. 

Al día siguiente busqué a Matute a través de otros colegas suyos de la universidad y de su editorial (tenía publicados 5 libros de Lógica, pero parece ser que Matute no era tan bueno escribiendo como dando clase). Logré primero su correo y, después de escribirle y mentirle a medias hablándole de un proyecto de lógica, conseguí también su teléfono. Le llamé y quedamos en una cafetería del centro. Además de un buen profesor de Lógica, Matute resultó ser también una persona muy abierta y accesible. Era uno de esos profesores antiguos pero simpáticos, amable y reflexivo, muy educado y capaz de combinar un aire de seriedad y cierto toque de humor de otra época que lo hacía entrañable. Le propuse grabar sus explicaciones con mi iPad, editarlas con iMovie y subirlas a YouTube. Me miró como si estuviera loco. “¿Vídeos? ¡Yo solo sé dar clase!”. Le expliqué lo que decían sus antiguos alumnos de él y la lástima que suponía para los nuevos alumnos de Filosofía no poder estudiar con él. Empezó a entender el sentido de lo que le proponía. Accedió con amabilidad y una sonrisa tímida. Al despedirme, vi un brillo renovado en los ojos del viejo profesor. 

Antiguo profesor

Tardamos menos de un mes  en realizar las primeras grabaciones. Edité y edité hasta resumir todo un semestre de Lógica en 21 vídeos de 6 minutos aproximadamente cada uno. Creé un blog de WordPress con 21 entradas, en cada una de las cuales embebí uno de los videos desde la plataforma de Educatina, donde además subí ejercicios que me pasó directamente el propio Matute, con su correspondiente corrección para que los estudiantes pudieran practicar los ejercicios de Lógica. Estaba muy orgullos de nuestro blog. Cuando lo enseñé a Matute, con su nombre en la dirección y algunas fotos suyas con alumnos que conseguí preguntando en grupo de Facebook de antiguos alumnos de la facultad, se emocionó notablemente. 

Corrí la voz entre todos los alumnos de los tres grupos de Lógica. Puedo resumir todo lo que pasó después con varios datos: ese año fue el primero que pasó el curso de Lógica el 100% de los tres grupos. El primer año que más del 80% sacó 10 como calificación. El primer año que los profesores de Lógica tuvieron que exigir asistencia, porque los alumnos dejaron de asistir a sus clases. De hecho, el “asunto Matute”, como luego me enteré que se conoció a este hecho entre los profesores de Lógica de la universidad, fue un tanto delicado porque cuestionaba la efectividad de la educación presencial. å¡

Llamé una vez más al profesor Matute para enseñarle algo. En la pestaña “Sobre Matute” que pusimos en el blog, debajo de la modesta biografía que habíamos escrito del profesor, habían brotado en solo unas semanas cientos y cientos de comentarios de alumnos agradecidos. El profesor, a la antigua usanza, quiso responder a todos uno a uno. Se volvió a emocionar recordando a algunos de los que habían sido sus alumnos en el pasado. La mayoría de comentarios eran de alumnos que ya no estaban en la universidad. Pero lo que más le llamó la atención al profesor, fueron los comentarios de alumnos agradecidos que conocían al profesor exclusivamente por sus vídeos, pero igualmente se dirigían a él con cariño y admiración. Fue la última vez que vi al profesor en persona, durante muchos años me conformé con releer sus entradas en el blog, que escribió semanalmente sin falta hasta que un día dejaron de aparecer entradas nuevas. Esta semana volví a entrar después de más de dos décadas, cuando mi hijo me pidió ayuda con un ejercicio de Lógica. Para bien o para mal, a él nunca le podría pasar una historia como esta, porque ahora la matrícula se hace completamente online y el 80% de sus estudios, también

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